31.7.08

Cómo casarse y no morir en el intento /3

Voy a continuar con el relato, porque si no corro el riesgo de no escribirlo nunca, o de olvidar lo más importante: ¡los detalles!

La tan mentada reunión de nuestros viejos se llevó a cabo el domingo 6 de julio, y, como suele ocurrir en esos casos, no se habló de lo importante sino hacia el final. Por un lado, había que arreglar el tema de los gastos del casamiento –no hubo demasiado problema, porque se pusieron de acuerdo rápido en que los gastos fueran pagados de manera proporcional a la cantidad de invitados de cada uno–. Barajamos Campo Chico como la opción más potable disponible, pero lo que me sorprendió mucho fue que mi viejo, a la vez que podía quejarse de los gastos y del costo, podía también perfectamente pedir que eligiéramos un lugar "con nivel" (¿?).
Un tema complejo, que dejo aparte para más adelante, era dónde íbamos a vivir el año que viene. No por la zona (ya estaba establecido que Sofi y yo vamos a vivir en La Plata), sino porque estaba presente la disyuntiva de si comprar o alquilar. Y acá las dos familias tenían posturas bastante distintas, por el hecho de que están atravesando momentos diferentes: Sofi es la última en irse de casa de sus hermanas, mientras que yo soy el mayor y soy el primero en casarme e irme. Entonces, de alguna forma a Sofi le toca cerrar una etapa –y por ese motivo sus padres ya le adelantaron que van a darle una suma de plata, sin pretender que ella se la devuelva–, mientras que yo inauguro otra, y a la vez siento un precedente en mi casa. Por eso mi viejo estaba bastante reacio a darme plata así como así, fundamentalmente para no tener que hacer lo mismo más adelante con el resto de los hermanos.
Este tema quedó en suspenso y recién volvió a estar en el candelero por estos días, tan cruciales y tan cercanos al casorio... Pero prefiero hablar de eso en alguno de los futuros posts.

Aprovechando el feriado del 9 de julio, que este año cayó un miércoles, yo estuve haciendo gestiones para pasar a visitar dos lugares en zona Oeste, y por suerte conseguí que mis viejos me acompañaran.
Uno de ellos es prácticamente ignoto: el Casino de Oficiales de la I Brigada de las Fuerzas Aéreas, en El Palomar. No tiene página en Internet ni e-mail; lo más cercano a un contacto es esto.
Creo que nunca se me hubiera ocurrido elegir un lugar semejante, de no ser porque mi amigo (DJ) Max me lo recomendó, ya que lo habían contratado para hacer un evento ahí –evidentemente, algún militar o alguien relacionado con las Fuerzas Aéreas–. A priori, tengo que decir que me daba un poco de escozor considerar hacer el evento ahí, sobre todo por la mala fama que tienen los militares en nuestro país y la carga simbólica que tienen las bases militares –algunas de ellas, funcionando simultáneamente como centros clandestinos de detención durante la dictadura–. Y tampoco habíamos tenido una buena experiencia en un casamiento de uno de mis primos, que se realizó en el hotel la sede Vicente López del Círculo de la Fuerza Aérea: nos habían invitado después de las 12, y como llegamos muy puntales (digamos, a las 0.30), el maître/milico quería echarnos del piso y hacernos esperar abajo, donde no había nadie, hasta que los invitados terminaran de comer (¡!).

En fin: llegamos al lugar en cuestión. Yo tenía el contacto que me había pasado Max, de un oficial que ese día estaba de guardia, y así la entrada fue más fácil. Las bases militares de este tipo son bastante impactantes, porque tienen casi la autonomía de un pueblo: calles, señalización, casitas... Había algunos aviones militares a la vista (todos ellos, bastante viejos, claramente de la época de la dictadura, o incluso anteriores, quizás comprados por los milicos a alguna otra republiqueta tercermundista).
Nos indicaron cómo llegar al Casino de Oficiales, y ahí estaba el oficial, de uniforme camuflado y bigote. Nos recibió con un "Feliz día de la Patria".
Recorrimos el lugar y rápidamente nos dimos cuenta de que éste no nos iba a servir, porque entre el momento en que yo me comuniqué con el tipo y la visita que ahora estábamos haciendo, se habían agregado nada menos que 100 personas a la lista de invitados. Un salón de 250 personas (que se veía más propicio para 200) ya nos quedaba chico. Igualmente lo recorrimos con el oficial, casi por cortesía. A la distancia, y considerando lo barato del alquiler, tengo que decir que el lugar no está mal, pero también aclaro que Max me lo había pintado como espectacular. Yo ya me estaba imaginando una mansión inmensa, una recepción fastuosa con largos sillones de cuero y un salón amplísimo. La realidad fue algo distinta: dos sillones de cuero negro, bastante ajados, en la recepción; un salón con piso de parquet, lindo y largo pero algo angosto. Se veía un poco encerrado, y el biombo le daba un toque kitsch-oriental. Pasamos a la cocina y ahí el personal se estaba cocinando unos ravioles con salsa que nos tentaron. La cocina era bastante amplia y tenía una hornallas gigantes. Pero la posibilidad de un asado (que era el tipo de catering que más me cerraba en ese momento), estaba casi descartada.
No sacamos fotos del lugar, le agradecimos al oficial y nos fuimos para Los Ciervos. En el camino, pasamos al lado de una obra (o eso parecía, aunque dudo que el gremio de la construcción trabaje en feriados patrios), que estaba cocinando casi sobre la calle unos asados de tira y chorizos. Se nos hizo agua la boca, porque ya era bien pasado el mediodía.

Los Ciervos fue el otro extremo. Es una quinta famosa porque ahí se casaron celebridades de la talla de Araceli y Floricienta (aunque no entre sí); pero a diferencia de muchos lugares en boga durante el menemismo que hoy están en decadencia, me parece que éste conserva detalles de buen gusto.
El lugar tiene mucho a su favor: una quinta inmensa y bellísima, atención muy profesional, un catering de altísimo nivel (al menos, eso es lo que tengo entendido: ahora se estaban ocupando del catering para el Cirque du Soleil). Las contras eran las esperables de un lugar como éste: el precio, la poca disponibilidad de fechas, horarios inflexibles (10 a 20 / 22 a 7, porque en temporada alta suelen hacer dos eventos los sábados) y la cantidad de servicios "exclusivos" con los que cuentan. Si bien todavía no tenían un acuerdo concreto, la chica que nos atendió nos dijo que estaban cerrando la exclusividad de los eventos con los DJs de "RePila".
Además, más allá del atractivo del lugar, a mi viejo no le terminó de convencer el acceso, por su obsesión con la "sheguridad". Con mis viejos coincidíamos en que el lugar era "soñado", pero al parecer escapaba bastante fuera de nuestras posibilidades.

Finalmente, para desquitarnos el hambre, fuimos a una parrillita de San Isidro sobre la calle Dardo Rocha, a la que papá suele ir con sus amigos los jueves a la noche. Estaba repleta de gente y nos atendieron bastante mal (o será que esta búsqueda del lugar para casarme me está poniendo el paladar y el ojo exigentes).

El césped de Los Ciervos, con su verde resplandor

El casco de la Quinta: mirando hacia acá se realizan las ceremonias
(el salón está de espaldas a la cámara)
.


Lo que hay que saber

Casino de Oficiales de la I Brigada de las Fuerzas Aéreas (El Palomar)
Contacto: Héctor Abrán. Cel. 154-089-7821
Alquiler del salón y el personal de servicio: $3800.
Uso del jardín exterior: $250 extra. No precisan facturar IVA. El cliente puede traer los servicios que desee (catering, ambientación, DJs, etc.).
Salón chico (capacidad para hasta 250 personas), pero de precio muy accesible. Eso sí: ni la mitad de espectacular que lo que me había pintado Max.
Salón con parquet. Cuenta con 20 mesas para 6/7 personas, 100 sillas (el resto
hay que alquilarlo). Incluye: recepcionista, seguridad, personal de limpieza, cocina equipada para el uso del catering (5 hornos, baño María, 8 hornallas, heladeras, cámara frigorífica).

Los Ciervos
Av. Pedro Díaz 1800 - Hurlingham
Tel. (011) 4662.8888 / 4665.0373 - Int. 2
eventos
@quintalosciervos.com.ar - gabriela@quintalosciervos.com.ar
www.quintalosciervos.com.ar - www.losciervoscatering.com.ar

Es una quinta lindísima estilo inglés que queda en Hurlingham. (Según mi padre, “el acceso es insheguro”.)
Para un sábado de 10 a 20 hs, el alquiler del salón cuesta $ 4000 (sin IVA). Incluye: suite privada, jefe de banquetes, mozo, recepcionistas, personal de seguridad, baños y guardarropa, valet parking, estacionamiento, mesas, sillas, mantelería, vajilla y cristalería, armado de ceremonia (sillas, alfombra roja y mesa para celebración). No incluye: fundas para sillas y caminos para mesas. Trabajan con su propio catering exclusivo.
El catering de asado cuesta $127 por cubierto (incluye sólo pollo, vacío y costilla + recepción campestre bastante completa + mesa de dulces + bebidas sin alcohol; pueden agregarse más cortes de carne pero hay que pagarlos aparte). Las opciones de bebidas alcohólicas van desde $16 hasta $32 por persona. La barra, $5 por persona. Cerveza tirada toda la noche $3 por persona. No incluye final de fiesta (cuesta $7 por persona). Cobran $5 de descorche en caso de que quieras llevar tu propia bebida alcohólica. Los precios en todos los casos son SIN IVA, y ellos precisan facturar al menos la mitad del evento.
Menores de 0 a 4 años, gratis; de 5 a 11 años, 50% del valor del cubierto de adultos.

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