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7.8.16

El libro dual

Por Vicente Costantini

Reseña de La mirada / Identidades (La Plata: Ediciones Al Margen, 2016), de Osvaldo Ballina, publicada por el diario El día de La Plata el domingo 7 de agosto de 2016.




“Salí a buscar mi última mirada / aún no es medianoche y no encontré la primera mirada”. Con esta búsqueda se abre La mirada / Identidades, la más reciente publicación del poeta Osvaldo Ballina (La Plata, 1942). Un libro escindido desde el título, que reflexiona sobre la angustia de sentirse uno y muchos a la vez.

En la primera sección, La mirada, reaparecen temas presentes desde hace tiempo en la poesía de Ballina: el viaje, lo natural –particularmente a través del agua y lo oceánico– y la preocupación por el rumbo que está tomando el mundo. Todos estos elementos se reúnen en “Eneas al revés”, una réplica al famoso poema “Anquises sobre los hombros” de Horacio Castillo: “miren / el mundo está al revés desde hace tiempo / ya no es eneas que lleva a su padre sobre los hombros / no, es un refugiado […] / que sale del mar”. A esa visión pesimista, que puede encontrarse sin matices en otros libros de Ballina –En tierra de uno (1977) y Final del estante (1994), por tomar sólo dos ejemplos de una vasta obra poética– le corresponden también, como contrapartida, un vitalismo y una ironía que alivian y ponen en duda la severidad de la denuncia: “¿salirse del mundo es rebelión, prudencia o cobardía?”.

La segunda sección, Identidades, se distingue de la primera por la multiplicidad de voces que aparecen aquí desarrolladas, tanto en discurso directo como referido. A través de este retablo de personajes, Ballina advierte acerca de la naturaleza dual del hombre, tan animal como humano: “permanencia cambiante de sus identidades / él que era él y él que no era él / instinto de un yo dual / ciénaga de lobos y hombres”. En uno de los poemas más memorables, “La pandemia”, se sugiere que el lenguaje humano es, a la vez, la causa y el antídoto de esta angustia esencial, “camino de perdición para transformar el vacío en creación”. El poema, no obstante, cierra con dos imágenes crípticas que prolongan la contradicción: “venenos errantes, flores carnívoras”.

Como en muchos de los libros de su última etapa, Ballina concentra cada poema de La mirada / Identidades en una única estrofa, sin mayúsculas y valiéndose de escasos signos de puntuación. La apuesta más fuerte, entonces, aparece a nivel léxico y sintáctico: cuando se tensa el lenguaje de un modo absolutamente personal, haciendo que los sustantivos califiquen a otros sustantivos (“un aire tumba”, “yegua mar” o “una grieta estrella de respiración”, por ejemplo), y cuando se escogen palabras en una amplia variedad de registros, entre lo universal y lo cotidiano; lo culto y lo coloquial: “lo terrestre no varía nunca su guión […] / somos trapos de nadie tendidos al viento”.

¿Dos libros en uno, entonces? Más bien, un libro dual en el que la unidad formal y estilística supera la tendencia a la dispersión temática. El lector sabe dónde comenzará a buscar con su mirada, pero no imagina en cuál de estas identidades terminará por encontrarse a sí mismo.

http://www.eldia.com/septimo-dia/osvaldo-ballina-el-libro-dual-155907

22.7.15

Notas sobre «refugio de altura», de Osvaldo Ballina




1

refugio de altura, de Osvaldo Ballina, es un libro minimalista. Escribo el título así, sin mayúsculas, para ser fiel a la intención de sostener el libro completo sin mayúsculas en títulos, nombres propios ni comienzos de oración. Ni siquiera el nombre del "dios innominado" tiene mayúsculas.
Los poemas centrados en el medio, apretados y rodeados por el blanco de la página, completan la sensación de lo despojado, de lo mínimo. A partir de ese formato sencillo, sin pretensiones, se puede aspirar a que cada frase comunique más y diga de sí lo indispensable. En ese sentido, me parece interesante el diálogo sutil que hay entre títulos y textos. Muchos de ellos son fragmentos del texto, de modo que actúan como una lupa puesta sobre el poema. Esto obliga a volver y detenerse sobre ciertos sectores del texto que quizás el lector hubiera pasado por alto o leído rápidamente.
Además, la falta de puntuación de muchos poemas abre más posibilidades de interpretación a algunos de estos textos. Muchos adjetivos podrían ser sustantivos, a la vez que hay sustantivos que podrían funcionar como calificativos. Anoté, por ejemplo, "viento navaja" y "silencio murciélago".

2

A pesar de ello, el lenguaje es complejo. No por la sintaxis, sino por el léxico. Normalmente yo no recurro al diccionario cuando leo poesía: prefiero que las palabras que no conozco me sugieran algo por contexto, por asociación y por sonido. El mejor ejemplo de ello es esa misteriosa palabra escondida en un verso bellísimo de San Juan de la Cruz: "y el ventalle de cedros aire daba". Parte del encanto de ese verso, para mí, es lo que sugiere, sin decirlo, esa palabra desconocida, "ventalle". Sugiere viento, brisa; tiene movimiento y ondulación.
Sin embargo, al leer refugio de altura sentí que, si esas palabras desconocidas me quedaban sin comprender, se me escaparía el meollo del poema. Algunos ejemplos de mi ignorancia son "desbrozar", "sibila", "crótalo", "burilada". Descubro ahora que muchas de ellas son palabras técnicas. Supongo que mi padre no se sorprendería de una ignorancia mía de este tipo; una de sus frases favoritas es "A vos te falta inteligencia práctica".

3

Al principio, el título del libro y las referencias de algunos de los poemas me sugerían una crónica, en forma poética, de una excursión de montaña, real o imaginaria. Como suelo decir en mis clases, no siempre quiero saber de dónde surgen los textos. A veces tener más información sobre las circunstancias que dieron origen a un texto, lejos de iluminarlo o ilustrarlo, lo empequeñecen, lo limitan (como sintetiza el título de uno de los poemas: "aquí es otro lado"). Por eso me sorprendió encontrar, avanzando sobre el libro, otros poemas que me llevaban en direcciones bien distintas: "boca de fuego", por ejemplo, habla de un personaje en la bolsa de valores:

ese
que con un ojo, una pierna, un brazo
trabado de lengua, en la bolsa de valores
irradia, desde su boca de fuego,
su vislumbre más por dudas
que por ajenas convicciones
y desconcierta a los inversores
despuntados por el escándalo
para quienes uno más uno es dos
y no uno 

También hay referencias concretas a Cabo da Roca y Jaipur, entre otros sitios. De a ratos, me parece como si algunos de los temas esenciales del libro anterior de Ballina, Memoria de la India, hubieran decantado en este libro: como si ese secreto, ese murmullo al que se alude en el poema "jaipur" fuese siempre esquivo, eludiendo su captura en el poema.

4

Me gustan los poemas que terminan con una pregunta, como extendiéndole al lector la última palabra: 
¿son señales de un destino irredento,
sapiencia de la especie o treta del demonio?
¿el otro será mi hermano o mi verdugo?
Le tengo mucho afecto a un libro quizás menor de Neruda, pero que me gusta por su forma abierta, inconclusa, casi vacilante: el Libro de las preguntas. A veces he llegado a preguntarme a mí mismo si no tenía que limitar mi propio uso de la pregunta al final de los poemas; si no era una trampa que me estaba tendiendo a mí mismo para resolverlos y concluirlos. Todavía no lo sé, pero cuando encuentro un poeta que cierra (¿cierra?) sus poemas con una pregunta, me sonrío, como si algo nos identificara y nos uniera. Quizás habría que hacer, en un acto de apropiación irresponsable y feliz, una antología colectiva que incluya todas las preguntas que figuren al final de todos los poemas. El resultado podría ser, me parece, extraordinario.

5

Entre todos los poemas del libro, sorprende "pan de invierno". Lo transcribo íntegro:

el pan de invierno es un ángel aparecido
que espanta el pánico,
ciencia de lo natural absoluto
que da dicha 
a los sonámbulos sensatos
y a los plácidos locos
untados todos de tinieblas 
 
El título, el fraseo, la temática, la metáfora inicial... todo me recuerda a Luis Alberto Spinetta. Sin duda, este poema podría haber sido una letra de Invisible o Spinetta Jade. Aunque no sé, todavía, si a Ballina le gustaría esa comparación.

6

Me parece acertado que el libro termine con "la herencia", un poema cuyo uso del futuro le da un tono asertivo y rotundo:
  
pisarás las mismas huellas
mirarás asombrado a los altos muros
de la nueva ciudadela
verás caer palabras de desterrada palpitación...

Sin embargo, creo que otro final posible hubiera sido elegir "refugio de altura", el poema que da título al libro:

aquí en las alturas nevadas
toda lengua es reductiva
prensada por el frío
los sueños se desecan a la intemperie
en una ceremonia invisible
pero ajeno a toda soledad
oscuridad o claridad
por su boca de sí reflejante
crea la estrella guía
que sobreviene
vacío tras vacío
paisaje tras paisaje
mundo tras mundo

*     *     *


Post scriptum

Recibí el libro en la Biblioteca López Merino en abril de 2015, cuando salía de dar clase. Sin embargo, el libro fue editado en abril de 2014, y la dedicatoria de Ballina también está fechada en ese mes y ese año.
Existen dos explicaciones posibles para esto. La primera, que el autor efectivamente envió el libro en abril de 2014 a la biblioteca, pero por descuido el sobre quedó guardado y archivado durante un año, hasta el día en que las empleadas se acordaron y me lo dieron.
La segunda explicacion posible es que el autor simplemente se equivocó: tal vez pensaba en el año ya transcurrido mientras escribía la dedicatoria, cuando debería haber escrito 2015.
Hablé de explicaciones posibles. Existe también una tercera explicación, pero es imposible. Ésta indicaría que ni las empleadas ni Ballina cometieron error alguno; él envió el libro en abril de 2014 y ellas me lo entregaron ni bien lo recibieron. Puede haber ocurrido, entonces, que el libro viajara no sólo en el espacio, sino también en el tiempo. Que aguardara el momento indicado para llegar a mis manos. Como las cartas de Kafka o las cartas del cuento "Sobremesa" de Cortázar, la dimensión temporal en que se movió este libro fue distinta de la mía, la de Ballina, la de las empleadas. Buscó su momento para llegar a mis manos: el momento adecuado. Éste.

8.10.12

¡Presentación!




¡Presento mi primer libro! Estaré acompañado de una dupla que se las trae: Santiago Espel y Buby Kofman, quienes también presentarán sus últimas publicaciones. Ojalá puedan venir. Es en La Plata, pero bien vale el viaje.

8.10.11

Ho Chi Minh: Diario de la prisión




Libro curioso e inconseguible, el Diario de la prisión de Ho Chi Minh.
Leerlo implica un acto de indulgencia: al igual que cuando leemos poesía oriental, rusa o árabe, tenemos que creer que lo que tenemos ante nosotros se acerca, vagamente siquiera, a la sonoridad y el sentido pensados originalmente por sus autores.
Esto se agudiza particularmente en el ejemplar que tengo, publicado por Tusquets en 1974 (apenas 5 años después de la muerte de su autor), ya que el editor y traductor afirma haberse basado "fundamentalmente en las traducciones oficiales al francés y al inglés", sin aclarar si tuvo en cuenta también el original en chino en el que los poemas fueron escritos.
Pero todo esto importa poco. Aunque Ho Chi Minh nunca le otorgó más importancia que la de un pasatiempo para matar el aburrimiento de la cárcel, creo que este libro pertenece, sin duda, al campo de la literatura. Me gusta su falta de pretensión, su sencillez, la sequedad narrativa que a veces abre paso a chispazos de lirismo. Cabe aclarar que, en el momento de su composición (1942-1943), el líder vietnamita era apenas un revolucionario soñando con la liberación de su país, y no un prócer canonizado en un panteón histórico.
Además, creo que el Diario reviste el mismo interés que tienen aquellos textos escritos por personas públicas que no son escritores reconocidos. Esto hace que seamos más benévolos al leerlos, que nos acerquemos a ellos con una intencionalidad distinta que la que reviste, habitualmente, la literatura. Y sin embargo, tengo que decir que el libro está magíficamente construido: tiene una secuencia narrativa variada y coherente, muchos de estos poemas pueden leerse como pequeñas fábulas o microcuentos, y además (y esto me demuestra que, en el fondo, Ho Chi Minh estaba interesado en organizarlo como libro) posee un comienzo y un final perfectamente reconocibles: se abre cuando el yo lírico es metido en prisión, y se cierra con su liberación.

El Diario de la prisión seguramente debe ser más bello en su idioma original, con los sonidos y la caligrafía del chino. Consiste, en total, de 101 poemas "escritos directamente en chino, y no en lengua vietnamita, para no alarmar a los carceleros", durante un período de catorce meses. Esta es una pequeña selección de los poemas que más me gustaron; inevitablemente resuena para mí, en algunos de ellos, el eco de Kafka.


Duro es el camino de la vida

Después de haber escalado a pie montañas y altos picos,
¿Cómo iba a suponer que en la llanura encontraría peligros mayores?
En las montañas encontré al tigre, y nada me pasó.
En las llanuras me topé con los hombres, y fui arrojado en prisión.

La flauta del preso

De pronto, suenan nostálgicas las notas de una flauta.
La música surge tristemente, sollozando una melodía.
Es un doloroso viaje a miles de kilómetros de distancia, a través de ríos y montañas,
Lejos, una mujer espera en lo alto de una torre el regreso de su amado.

Los grilletes

I.
Hambrientos, con las fauces abiertas como feroces monstruos,
Los grilletes caen sobre nosotros cada noche
Apresando a todos la pierna derecha.
Sólo la izquierda puede moverse con libertad.

II.

Algo muy extraño ocurre a esta hora:
Todo el mundo se precipita para que le coloquen sus grilletes,
Una vez encadenados, duermen en paz;
De lo contrario, no saben qué hacer con sus piernas.

La ración de agua

Cada uno tiene una ración de media vasija de agua
Para lavarse la cara o para hervir té, como prefiera:
Si quieres lavarte la cara, no podrás hervir té;
Si quieres beber té, tendrás que pasar sin lavarte la cara.

El juego

Los que viven del juego son arrestados,
Pero dentro de la cárcel pueden jugar todo lo que quieran,
Así de vez en cuando se oyen lamentos como éste:
"¿Por qué no se me ocurriría antes venir a este sitio?"

Anochecer

Los pájaros, cansados, buscan abrigo en el bosque.
Una nube solitaria vaga por el cielo.
En la aldea, una muchacha muele maíz
Mientras el fuego brilla en su horno de barro.

Llegada a Tiempao

He recorrido cincuenta y cinco kilómetros en este día,
Mis ropas están empapadas, mis zapatos, destrozados,
Y en toda la noche no he encontrado un sitio donde dormir.
Junto a la letrina, espero la llegada del alba.

Aviso para mí mismo


Sin el frío y la desolación del invierno,
¿Quién vería el dulce esplendor de la primavera?
En el crisol de la desgracias se ha fortalecido mi corazón,
Y templado mi espíritu.

Cerdos y hombres

I.

En nuestro mismo camino van unos guardias que llevan cerdos.
Los cerdos, cargados a las espaldas de los guardias, los hombres, arrastrados con cadenas.
Cuando el hombre pierde su libertad
Vale aún menos que un cerdo.

La muerte del jugador

Ya no era más que huesos y pellejo.
La miseria, el frío y el hambre acabaron con él.
Esta noche durmió apoyado en mi espalda;
Al amanecer, partió hacia el Reino de las Nueve Primaveras.

Crepúsculo

El viento afila sus espadas en las montañas,
La hoz del viento sesga las hojas de los árboles,
Suena el gong de una lejana pagoda,
El caminante apresura sus pasos,
Un niño toca la flauta mientas conduce su búfalo al establo.

Pensando en un camarada

Aquel día, me acompañaste hasta la orilla del río;
"¿Cuándo volverás?", preguntaste — "Para la próxima cosecha", contesté.
El arado ha surcado de nuevo los campos,
Y yo sigo prisionero lejos de mi patria.

Medianoche

Con los ojos cerrados, todos los rostros parecen puros,
Pero cuando despiertan, en unos aparece la maldad y en otros, la bondad.
El hombre no es malo, ni bueno, por su nacimiento;
La maldad y bondad no son sino frutos de la educación.

Noches de insomnio

A lo largo de interminables noches en las que el sueño se rehúsa a venir,
He escrito más de un centenar de poemas sobre la vida en prisión;
Al terminar una estrofa, dejo el pincel.
Y contemplo el cielo a través de los barrotes.

Leyendo la "Antología de los mil poetas"

Los antiguos gustaban cantar a la naturaleza;
Los ríos y los montes, el viento y las flores, la nieve y la niebla.
La poesía de nuestro tiempo debe cantar al hierro y al acero,
Y los poetas, aprender a luchar en la batalla.

Libre, cruzo las montañas

Las nubes abrazan a las cumbres, y las cumbres abrazan a las nubes.
En el valle, el río brilla como un espejo, limpio e inmaculado.
Libre, cruzo las crestas de la Cordillera Occidental camino del sur,
Y el corazón late confuerza pensando en los antiguos camaradas.

12.8.11

La existencia desgarrada



“—Ojalá se pudieran partir todas las cosas enteras —dijo mi tío tumbado de bruces en la roca, acariciando aquellas convulsas mitades de pulpo—, así cada uno podría salir de su obtusa e ignorante integridad. Estaba entero y todas las cosas eran para mí naturales y confusas, estúpidas como el aire; creía verlo todo y no veía más que la corteza. Si alguna vez te conviertes en la mitad de ti mismo, muchacho, y te lo deseo, comprenderás cosas que escapan a la normal inteligencia de los cerebros enteros. Habrás perdido la mitad de ti y del mundo, pero la mitad que quede será mil veces más profunda y valiosa. Y también tú querrás que todo esté demediado y desgarrado a tu imagen, porque belleza y sabiduría y justicia existen sólo en lo hecho a pedazos. […]
No volví a la orilla hasta que se hubo alejado con sus pulpos. Pero el eco de sus palabras seguía turbándome y no encontraba remedio para su furia demediadora.”

Ítalo Calvino, El vizconde demediado (1951).




22.5.11

Adúriz


El martes pasado me enteré, como un baldazo de agua fría, de la muerte reciente del poeta Javier Adúriz (1948-2011). Conocí a Javier en el invierno del 2005. La excusa fue un libro de poemas de Carriego que él había prologado y compilado. Ahí descubrí su generosidad y su tremenda lucidez. Le mostré algunos poemas míos y él sonrió: quizás porque veía en mí, en mis imperfecciones, un esbozo del joven poeta que había sido alguna vez. Conocía a mi tío Titito, quien también publicó alguna vez un libro de poemas, Nadie a tu lado, "muy influidos por Pedro Salinas", según dijo Javier. Me hizo algunas críticas demoledoras que todavía recuerdo: por ejemplo, un poema de una pagina quedó reducido a dos o tres versos.

Compartimos el mate, el pan casero y la discusión sobre el soneto en su PH de la calle Delgado. Lo que más culpa me da es que él me había dado dos libros de Santiago Sylvester en concepto de préstamo; es decir que esperaba que se los devolviera. En realidad, no me gusta quedarme con libros ajenos, así que esos libros (Café Bretaña y Calles) iban a ser la excusa del reencuentro. Lo cierto es que, después de mi casamiento y mudanza, no nos habíamos vuelto a ver todavía. Y ahora siento que me quedé con algo trunco e irrecuperable.


Acá transcribo el último mail que recibí de él, en 2009, y un poema incluido en su libro Canción del samurai, que funciona como una especie de soneto libre y testamento humorístico. Creo que él no lo hubiera querido de otro modo.


te felicito, vicente, por tu decisiòn. el casamiento y el traslado a la plata para tu residencia. te deseo lo mejor, que vayas haciendo el significado de tu vida. los libros, para cuando quieras. y desde luego, cuando pase por la plata, te aviso. un gran abrazo, javier.



"El atómico" declara su deseo

Dejo dicho, en caso de no atinar al piletón,
que lego mi flamante casco de corcho
a Agustín, y también las antiparras.
Para Isidro, el overol de loneta reforzada

amén de la flexible bigotera del abuelo:
Para Julieta el maillot, que aunque gordo
y con costuras, ella sabrá ajustarlo.
Para Román, el capirote de hule y los botines

que trajinados y todo, aún son de largo uso.
Para Lucía, el arnés y la mochila de lastre
que habrán de serle fieles para acunar los hijos.

A la señora, en cambio, mi dama, testo y dejo
que me dejo de joder con estos trastos.
Los amo, amigos, porque hicieron el significado.

7.3.11

Final para un cuento

Estoy terminando de traducir un cuento de Stephen Crane, y la última parte tiene una autonomía que lo vuelve muy interesante, casi un microcuento. La transcribo completa porque creo que hoy en día puede ser leída como un cuento en sí mismo. El título es invención mía.

Fin de fiesta

Había un baile en el Imperial Inn. Durante la noche algunos jóvenes irresponsables llegaron de la playa, afirmando que una gran cantidad de gente había sido avistada cerca de la costa. Era un baile encantador, y nadie se molestó en perder el tiempo creyendo en este cuento. La fuente del patio salpicaba suavemente, y una pareja tras otra desfilaba por los corredores de palmeras en los que lámparas con luces rojas arrojaban una luz rosada sobre las hojas relucientes. En lo alto de algún balcón, un ruiseñor gritaba en medio de la noche. La banda tocaba sus valses con ensoñación, y su música llegaba débilmente hasta la gente entre las palmeras, como las melodías de los sueños.
A veces una mujer decía:
–Oh, no es cierto que haya habido un naufragio allá en el mar, ¿no?
Por lo general un hombre contestaba:
–No, claro que no.
Por fin, sin embargo, un joven llegó violentamente de la playa. Tenía un aspecto triunfante.
–¡Están ahí afuera! –gritó–. ¡Una barcada entera!
Recibió una atención ansiosa, y dijo lo que todos suponían. Sus noticias destruyeron el baile. Un momento después la banda estaba tocando encantadoramente para el espacio vacío. Los invitados se habían puesto un abrigo e iban apresuradamente hacia la playa. Una niña pequeña dijo “Oh, mamá, ¿puedo ir yo también?”. Al negársele el permiso, empezó a hacer pucheros.
A medida que llegaban del refugio del gran hotel, el viento soplaba velozmente del mar, y de a intervalos una ola grande brillaba lívida. Las mujeres se estremecieron, y sus compañeros inclinados aprovecharon la oportunidad de acercar los abrigos. La arena de la playa estaba húmeda, y los zapatos delicados dejaban impresiones claras y profundas sobre ella.
–Oh, Dios –dijo una muchacha–, ¡y si estaban ahí afuera ahogándose mientras nosotros bailábamos!
–¡Tonterías! –dijo su hermano menor–. Esas cosas no pasan.
–Bueno, podrían pasar, ¿sabes, Roger? ¿Cómo puedes estar seguro?
Un hombre que no era su hermano la observó con profunda admiración. Después ella se quejó de la arena húmeda, y al arremangarse las faldas, miró con arrepentimiento sus piecitos.
En medio de su interés y su excitación, el hijo de una madre se aventuraba demasiado cerca del agua. Ocasionalmente ella le advertía y reprochaba desde atrás.
A excepción del resplandor blanco de la rompiente, el mar era un gran vacío atravesado por el viento. De entre la multitud de mujeres encantadoras flotaba el perfume de muchas flores. Más tarde flotó hasta ellas un cuerpo con la calmada expresión de un irlandés. La expedición del Foundling nunca pasará a la historia.

5.2.11

Ray Bradbury, políticamente incorrecto


Muchos consideran a Fahrenheit 451 (1953) como la última palabra en novelas de ciencia ficción que tratan sobre la censura y el control del Estado, y además añaden que esto es un reflejo de las persecuciones de intelectuales por parte del "macarthismo" en la década del '50, al igual que Las brujas de Salem de Arthur Miller. Sin embargo, me parece que esa es la opinión de alguien que no ha leído bien la novela (o que directamente no la ha leído).
Aunque se trata de una novela, hay algo en Fahrenheit que delata, a mi juicio, su origen como un cuento que Bradbury se ocupó de expandir ("El bombero" —The Fireman—, de 1950): su linealidad, su estructura tripartita, y el hecho de que está casi exclusivamente centrado en su protagonista, Guy Montag. Hay otros personajes y otros escenarios que apenas podemos intuir, pero que no hacen a la parte más importante de la novela (la historia del capitán Beatty, la casa del profesor Faber, el entorno familiar de la joven Clarisse McClellan).

El capitán Beatty es la figura arquetípica del censor, por varios motivos: está convencido de lo que hace, pero además es muy consciente del poder que acarrea la censura. El censor es aquel que tiene acceso irrestricto a todo, y decide de acuerdo con su propio criterio qué cosas son adecuadas para que las lea el común de los mortales, y cuáles deben prohibirse porque podrían tener una mala influencia sobre las mentes débiles.
En otras palabras, el censor, por su lugar de poder, está más allá (o por encima de) la moralidad.
Hasta aquí, algo que no sorprende a nadie, y menos a los lectores de un país que ha atravesado muchos golpes militares a lo largo del siglo pasado. Sin embargo, mientras leía la novela, hubo algo que empezó a hacerme ruido: el relato que hace el capitán Beatty sobre el origen de la quema de libros.

Ahora, consideremos las minorías en nuestra civilización, ¿te parece? Cuanto mayor es la población, más minorías hay. No hay que meterse con los aficionados a los perros, a los gatos, con los médicos, abogados, comerciantes, cocineros, mormones, bautistas, unitarios, chinos de segunda generación, suecos, italianos, alemanes, tejanos, brooklinenses, irlandeses, gente de Oregón o de México. La gente en este libro, en esta obra, en esta serie de televisión no representa a ningún pintor, cartógrafo o mecánico que exista en la realidad. Cuanto mayor es el mercado, Montag, menos hay que hacer frente a la controversia, recuerda esto. Todas las pequeñas, pequeñas minorías con sus ombligos que hay que mantener limpios. Que los autores, llenos de malignos pensamientos, le pongan un candado a sus máquinas de escribir. Eso hicieron. Las revistas se convirtieron en una masa insulsa de postre de vainilla. Los libros, según dijeron los críticos esnobs, eran como agua servida. No es extraño que los libros dejaran de venderse, decían los críticos. Pero el público, que sabía lo que quería, permitió la supervivencia de los libros de historietas. Y de las revistas eróticas tridimensionales, claro está. Ahí tienes, Montag. No era una imposición del Gobierno. En un principio no hubo ningún mandato, ni declaración, ni censura, no. La tecnología, la explotación de las masas y la presión de las minorías produjo el fenómeno, a Dios gracias. En la actualidad, gracias a todo ello, uno puede ser feliz continuamente, se le permite leer historietas ilustradas, las viejas y buenas confesiones, o los periódicos profesionales.

Es importante aclarar que es el capitán Beatty quien dice esto, y que tenemos derecho a no creer en sus palabras. Quizás sea todo una conspiración y se nos esté ocultando la verdad. Pero mirándolo de otro modo, y pensando en el poder que él tiene: ¿de qué le serviría mentir? ¿Qué tiene para perder?
Además, no hay, en toda la novela, ningún guiño, ninguna referencia a otro origen posible de la quema de libros. Lo que hizo el gobierno, a través de los bomberos, fue limitarse a institucionalizar la dictadura de las minorías.


Es interesante señalar esto porque pone el dedo en la llaga en uno de los conflictos más fuertes que están atravesando los Estados Unidos en la actualidad. Durante muchísimos años, en EE.UU. tuvo siempre la manija un grupo que, a pesar de estar cada vez más cercado por la diversidad, nunca se reconoció a sí mismo como minoría: los WASP (White Anglo-Saxon Protestants, "Protestantes anglosajones blancos"), a los que se les añade también la "M" de Male (hombres), y a la que también podríamos sumar la "S" de Straight (heterosexuales). Las llamadas "minorías" estadounidenses serían aquellos grupos que caen fuera de la sigla WASPMS, y que han tenido que luchar históricamente para que se les reconozcan sus derechos.
Esto produjo dos consecuencias fundamentales. La primera, que en muchos ámbitos se haya instalado de manera creciente un discurso aséptico que podríamos calificar de "políticamente correcto", en tanto se cuida de ofender a todas las minorías posibles. (Esto no quiere decir, desde luego, que se haya acabado con los diversos mecanismos de discriminación, sino que más bien se los ha borrado en términos discursivos.)
La segunda consecuencia es que los blancos ahora están molestos porque, contrariamente a los ideales de la meritocracia y el "sueño americano", ya no son los "mejores" los que obtienen los cargos y los lugares de poder, sino que acceden a ellos por ser negros, judíos, mujeres, latinos, homosexuales, etc. Un ejemplo de ello es el cupo mínimo en las bancas políticas y en las Universidades.
Este enojo implica, entre otras cosas, la creencia en el sueño americano como una realidad existente, y la negación de que, por ejemplo, un hombre blanco de cerca de dos metros de alto tenga mayores posibilidades de ser el presidente de una compañía que una mujer latina de un metro y medio de estatura. Es un tema urticante en el país del norte, y ha sido discutido por defensores y detractores, con mayor o menor corrección política.
Bradbury, con menos pelos en la lengua, y un linaje insigne que lo caracteriza claramente como WASP, se ocupa del tema en la "Coda" de 1979 de Fahrenheit. Primero cuenta sobre las cartas que recibe proponiéndole reescribir sus personajes femeninos o negros. Y luego ironiza sobre el hecho de que un libro que se ocupa sobre la censura haya sido literalmente censurado en diversas ediciones:

Hace sólo seis meses, descubrí que, a lo largo de los años, algunos editores de cuchitril en Ballantine Books, temerosos de contaminar a los jóvenes, habían censurado, parte por parte, unas 75 secciones diversas de la novela. Los estudiantes que leían una novela que, al fin y al cabo, lidia con la censura y la quema de libros en el futuro, me escribieron para alertarme de esta exquisita ironía.

(Algo similar ocurre en el fragmento que cité al comienzo, porque al cotejarlo con el original en inglés encontré expresiones suavizadas o directamente eliminadas, y que tuve que corregir yo mismo. Esto me hace sospechar que puede ocurrir en todo el resto del libro.)
Ya fuera del personaje de Beatty, aquí es Bradbury autor quien vuelve a responsabilizar a las minorías (y no al Estado) por la censura:

El punto es obvio. Hay más de una forma de quemar un libro. Y el mundo está lleno de gente corriendo por ahí con fósforos encendidos. Cada minoría, sea ésta bautista/unitaria, irlandesa/italiana/octogenaria/budista zen, zionista/adventista del séptimo día, feminista libertaria/republicana, homófila de la sociedad Mattachine/del Evangelio Cuadrangular, siente que tiene la voluntad, el derecho, el deber de rociar con kerosén y encender la mecha. Cada editor imbécil que se ve a sí mismo como el origen de la repugnante y chata papilla ázima de la literatura lame su guillotina y apunta al cuello de cualquier autor que se atreva a hablar más alto que un susurro o escribir más que una rima infantil.
Porque es un mundo loco y se volverá más loco aún si consentimos que las minorías, sean de enanos o gigantes, orangutanes o delfines, líderes nucleares o ambientalistas del agua, a favor de las computadoras o neoludistas, simplones o sabios, interfieran con la estética. El mundo real es el campo de juego para que cualquier grupo haga o deshaga las leyes. Pero la punta de la nariz de mis libros o cuentos o poemas es donde sus derechos terminan y mis mandatos territoriales comienzas, corren y reinan. Si a los mormones no les gustan mis obras de teatro, que escriban las suyas. Si los irlandeses odian mis historias de Dublín, que alquilen máquinas de escribir. Si los maestros y editores de la escuela primaria descrubren que mis oraciones rompemandíbulas destrozan sus dientes de papilla suave, pues que coman torta rancia en el té liviano de su hechura impía.


Además de demostrar que es un escritor genial cuando está enojado, Bradbury hace algo paradójico: defiende la libertad de expresión propia, a costa de silenciar la de los demás. Más que ser una novela sobre la censura, yo diría que Fahrenheit, aunque horririce pensarlo, puede ser leída como una novela que advierte sobre los peligros de la democracia: su planteo es, en última instancia, autoritario. ¿O acaso no es autoritaria la escena en la que Montag obliga a las amigas de su esposa a escucharlo recitar en voz alta un poema?


Termino con un último comentario sobre la novela. Más que adelantar los avatares de la censura, en Fahrenheit 451 me impactó el momento en que se muestra la puesta en escena de la persecución de Montag. Como finalmente no lo encuentran, el programa de TV toma a un Montag falso que los sabuesos mecánicos liquidan en vivo con sus inyecciones letales, todo en el transcurso de un programa televisivo. No se me ocurre una forma mejor de sintetizar cómo la televisión (y quizás el arte toda) se ha realitizado en los últimos diez años.

Coda

Mientras escribía esto, me acordé de la canción de Sui Generis "Las increíbles aventuras del señor Tijeras", incluida en Pequeñas anécdotas sobre las instituciones (1974). Quizás otro post de este blog debería ocuparse de la censura en el rock argentino.

**

El concepto de realitización es una idea que, basada en el concepto de novelización de Bajtín, desarolló mi mujer, Sofía Calvente, junto con su amiga Mariela Anastasio en un trabajo final para la carrera de Periodismo, y que aparece recogido en el libro de Javier Sanguinetti Culturas y estéticas contemporáneas (Buenos Aires, Jorge Baudino Ediciones, 2003).


26.1.11

Lecturas de verano: Cantoni x 3



Hace tiempo que tenía ganas de escribir una serie de reseñas de lo que estuve leyendo últimamente. En lugar de esperar el paper perfecto, decidí que, si lo voy a hacer, más vale que sea así, espontáneamente y como vaya saliendo, en formato blog. Al menos le dará la frescura y espontaneidad de la que carecen la mayor parte de los papers académicos.

Quiero empezar reseñando tres libros del poeta platense César Cantoni, que si no me equivoco son sus tres últimas publicaciones: Triunfo de lo real (2001), La salud de los condenados (2004) y Diario de paso (2008)*.

Triunfo de lo real
y La salud de los condenados están organizados en diversas secciones marcadas por tonos y temáticas específicas. Por ese motivo, me ocuparé de Diario de paso al final de la reseña, ya que siento que ese libro presenta, casi en su totalidad, una mayor coherencia temática y expresiva.

1.

Para quien no haya leído nunca a Cantoni, quizás sea una buena pista referirme primero a la sección de homenajes que incluyen Triunfo de lo real y La salud..., ya que estos pueden dar una idea de las fuentes de las que se nutre su poesía. La segunda parte de Triunfo de lo real se llama "Homenajes", e incluye referencias explícitas a William Carlos Williams, Theodore Roethke, W. H. Auden y Leroi Jones. Por su parte, La salud de los condenados tiene una sección titulada "Los maestros del corazón", con referencias a Van Gogh, Robert Lowell, Pasolini, Almafuerte y Li Tai Po. Además, cada sección de La salud de los condenados toma su título de una cita, de modo que el diálogo con otros autores (Vretakos, Carlos Drummond de Andrade, Cioran, Delmore Schwartz, Ungaretti...) se hace más denso y complejo, y esto no agota todas las referencias literarias o artísticas incluidas en los libros.
A pesar de esta variedad, a mi juicio hay algunos rasgos fuertemente herederos de la poesía norteamericana en la escritura de Cantoni: la tendencia a hacer de la anécdota cotidiana el tema profundo de un poema, cierto pesimismo esencial (o cierta sospecha sobre la liviandad del optimismo), la preeminencia del yo: un yo que está muy lejos del egotismo romántico, y que por el contrario es el yo de los márgenes, que ya perdió la esperanza de ser escuchado.

Triunfo de lo real
puede dar la idea, por su título y su contenido, de que es un libro centrado en la percepción de lo cotidiano y lo insignificante como disparadores del poema: como si se tratara de una poética de lo minimalista. Sin embargo, esta insignificancia luego se revela engañosa, porque cada uno de los poemas (incluso los que parecen haber sido garabateados en una hoja de papel y transcriptos sin mayor trámite), tiene una profunda elaboración detrás. En el reverso de esta espontaneidad aparece, sin duda, la revisión concienzuda. O, para decirlo de otro modo, para llegar a lo simple es necesario haber destruido y purificado en el camino todo lo que podía sonar complejo, barroco, impostado.


Dos características más de Triunfo de lo real dan cuenta de la experiencia del autor en el oficio de poeta: la definición de las cosas a través de su negación ("Aquí no hay dios, ni griego ni romano / que presida ninguna ceremonia. / No hay oro ni laurel para los vencedores"), y la continuidad de una misma frase a lo largo de los versos y las estrofas, lo que le da cierta naturalidad a muchos poemas, y una cualidad más sentenciosa:

          Una botella rota,
          un pedazo de plástico,
          papeles que el viento dispersa
          por la calle —cosas pesadas,

          mensuralbes, gastadas
          por el uso y la inercia
          de los días—: eso es todo,
          la residual materia del mundo
          renovándose sin pausa en nuevas

          formas: otra botella,
          algún ícono, la blanca página
          sobre la cual escribo ahora
          estas porfiadas líneas.

               ("Química elemental", El triunfo de lo real.)

El título se justifica, entonces, no por el apunte sobre lo cotidiano, sino por la imposibilidad misma de aprehender o interpretar lo "real": el poema se convierte en el testimonio de un fracaso. En el reconocimiento de esa imposibilidad se debe ver el triunfo del libro ("...el observador no cede / frente al triunfo de lo real").
A diferencia de lo que ocurre en La salud de los condenados, me parece que Triunfo de lo real, hacia el final, se contamina de otras voces en su sección de "Homenajes", y en ciertas referencias que inevitablemente recuerdan la Antología de Spoon River de Edgar Lee Masters ("Necrópolis", "Epitafio", "En este pueblo", etc.). En medio de estas reescrituras, ensayadas con mayor o menor suerte, sobresalen con mérito propio tres textos que desarrollan una pequeña arte poética: "Parábola del tenista", "El oficio de poeta" y "Notas para una posible arte poética".

2.

La salud de los condenados y Diario de paso prolongan, a su modo, esa épica de la cotidianeidad (siempre fracturada, siempre cubierta de un halo de sospecha) que había comenzado en Triunfo de lo real:

          Hoy no parece menos épico cruzar la calle
          —esquivar la furia homicida de los autos—
          que emular las hazañas de Ulises [...].

          Cuando lo grande, lo noble y lo justo
          están vedados, y la ilusión y la esperanza
          son escamoteadas, la sola supervivencia
          ya es una forma de heroísmo.

               ("Épica", La salud de los condenados)

La primera sección de La salud..., "Monólogo en verso", estará centrada en ese yo, como una especie de autobiografía poética, plantada en su presente con el azoramiento de aún estar vivo.
"La vida presente" es quizás la parte más lograda: parece haber sido escrita con el diario en la mano, como comentario, respuesta y reverso de lo periodístico. Allí donde el periodismo se limita a hacer la crónica de las desgracias diarias y luego salta a la sección de Deportes y Espectáculos para borrar esa imagen del horror hasta el dia siguiente, Cantoni toma unos cuantos episodios periodísticos, casi sin nombres ni fechas, y los convierte en reflejos de una época y signo de los tiempos.


En la sección de homenajes ("Los maestros del corazón"), se destaca la carta imaginaria de Theo a Vincent Van Gogh, y al igual que en Triunfo de lo real, el final esboza un arte poética provisoria a través de la figura del poeta como personaje: el yo del "Monólogo en verso" se convierte, hacia el final, en otro.
Finalmente, quiero destacar este poema de la sección "La experiencia del vacío":

          Fiel a su naturaleza,
          a su destino trágico,

          la bala fijó la trayectoria
          y apuró el desenlace.

          Fría, sórdida, implacable,
          perforó el cráneo,

          la masa encefálica,
          el universo íntimo.

          Destrozó sueños,
          imágenes, razonamientos.

          Abolió la conciencia,
          la subjetividad.

          Hizo centro
          en la nada.

               ("Trayectoria", La salud de los condenados)

3.

Diario de paso es, desde mi punto de vista, el más logrado de los tres libros, y también el más coherente. El libro se abre como un recorrido enmarcado por dos fechas: el 27 de abril de 2005 y el 11 de mayo de 2006. Cada poema está rigurosamente fechado, como si se tratara de un diario poético. O de un experimiento: dejar en el papel la marca de las diversas impresiones del poeta a lo largo de un año y quince días. No es casualidad que el yo poético esté presente aquí de manera mucho más fuerte que en los dos libros anteriores. Y esta propuesta de escribir un diario poético también hace surgir, con más urgencia que nunca, la presencia de lo cotidiano, la narración mínima, lo inaprensible de lo "real" convertido en la crónica de lo anecdótico.

Si le creemos a Cantoni y consideramos que cada poema estuvo fechado en su fecha real de composición, entonces el lector curioso podrá comprobar que hay períodos de mayor creatividad (junio, julio y agosto de 2005) seguidos por mesetas creativas (octubre y noviembre de 2005). En otras palabras, Diario de paso invita al lector a interrogarse sobre los misterios del proceso creativo: ¿qué es lo que hace que un poema haya sido escrito el 21 de julio de 2005, ni un día antes, ni un día después?


Otro acierto es que Cantoni no prescinde de los títulos de los poemas, sino los incluye al final y entre paréntesis. Esta elección produce una manera nueva de leer los textos: como si el título fuera una posdata final que corrige o reinterpreta parcialmente el contenido del poema.
Además del testimonio poético de los variados sucesos de un año, Diario de paso es un álbum familiar sintético y dislocado ("El tío de Villa Crespo", "Decía mi abuela española", "Ayer vino mi madre"), y un relato en el que lo personal se vuelve universal casi involuntariamente. Allí encontramos mujeres y amigos anónimos, y referencias vagas a lo local. Pero en medio de esa inespecificidad, aparecen crónicas del día que recuerdan al lector dónde está parado: los poemas referidos al verano ("Desnudas, a la orilla del río", "Días de enero", "Bajo el sol de la siesta", "La calle nos mira"), la "Crónica de Nochebuena" del 24 de diciembre, y el excelente y fugaz poema del 25:

          No puedo afirmar si era el espíritu navideño,
          un delirio momentáneo,
          o el amor consumado esa mañana
          lo que la hacía cantar
          detrás del mostrador,
          pero juro que estaba feliz,
          realmente feliz con sus ojeras.

               ("La muchacha del despacho de pan", Diario de paso)

Post scriptum (Retrato)

Conocí a César en la primavera de 2009. Justo coincidió que ese día estaba en el mismo bar el poeta Horacio Castillo, a quien vi entonces por primera y última vez, ya que falleció el año pasado.
Contacté a César por otro poeta y amigo en común de ambos, el querido Santiago Espel. Hablamos de libros, de poesía, y también de lo mal que estaba jugando la Selección argentina en ese entonces (en esa época estuvimos muy cerca de quedar fuera del Mundial, y después vino el célebre "Que la sigan mamando").
César me regaló sus tres últimos libros, aunque yo le aclaré que no estaba muy de acuerdo con eso de que los poetas regalen los libros. Creo que pone a la poesía en un lugar de desvalorización que merecería un post aparte.
Hacía poco tiempo había fallecido su madre, un hecho que se refleja en el poema "Ayer vino mi madre" de Diario de paso. Quizás esto lo hacía aferrarse con más fruición que nunca a la lectura y la escritura.
César tiene algunas obsesiones que me causaron gracia (como dice Raúl Gustavo Aguirre, "El poeta es el hombre de la lenta obsesión"). Una de ellas, titular sus libros con frases que no hayan sido usadas nunca antes como título (una pretensión vana, a menos que uno opte por publicar en esperanto).
Nunca conocí a un poeta más dedicado por entero a la poesía. Recuerdo una frase suya que decía, palabras más, palabras menos: "Me molesta todo aquello que me distraiga de la poesía". Paradójicamente, su poesía parece demostrar todo lo contrario: como si una vida entregada a la poesía produjera una poesía que se compone, casi exclusivamente, de experiencias de vida. ¿Experiencias reales o ficiticias? Poco importa.

* Hay un cuadernillo publicado entremedio, que no tengo, pero que creo que no tiene material nuevo, sino que reúne una selección de su producción poética hasta la fecha: Intemperie y otros poemas (2006).

11.12.10

La importancia de ser extranjero


Uno de los mejores haikus que se escribieron este semestre en el instituto de español en el que trabajo:

El nombre es mío.
Los anillos son tuyos.
Rompí los platos.


               -Lucia Cambria

18.10.10

Las ratas

Estoy releyendo, más o menos seis años después, la novela corta Las ratas (1943), de José Bianco. Recordaba el final, algunos detalles de los personajes, y la escena en el tren del capítulo XIII, que posiblemente podría haber sido omitida, y que sin embargo fue el detalle argumental que yo recordaba con mayor nitidez.

Cuando comencé la relectura comprobé con asombro la velocidad y el volumen con el que se olvidan las cosas. El desarrollo, los nombres de los personajes, y muchos aspectos de la trama, me resultaban totalmente novedosos. Era como estar leyendo una novela que me hubiese resumido otra persona.

Aunque no tengo ahora el mismo entusiasmo con el que descubrí este relato, me impacta cómo resuena en él la obra de Henry James, como si se entablara un diálogo velado que en su momento no tuve la perspicacia de advertir. Hay una frase del narrador que resume bien la novela, y que acaso podría ser el fragmento de un ensayo sobre James:
"Acaso la verdad sea tan rica, tan ambigua, y presida de tan lejos nuestras modestas indagaciones humanas, que todas las interpretaciones puedan canjearse y que, en honor a la verdad, lo mejor que podamos hacer es desistir del inocuo propósito de alcanzarla."

14.7.10

Asociación ilícita


Falleció el gran poeta platense Horacio Castillo. Pero lo que me llamó la atención no fue la nota en la web de La Nación sobre su muerte, sino los artículos que aparecen asociados a continuación. Así, mientras la nota se cierra con un fragmento del que sin duda es uno de sus mejores poemas, "Tren de ganado":

¿Era de noche o de día? ¿Estábamos vivos o muertos? Bebíamos al atardecer el vino de los ciegos, soñábamos todavía con un bosque de orquídeas. ¿Qué es aquello? Arena. ¿Qué es aquello? Niebla.

Le suceden, sin solución de continuidad:
A quien le interesó esta nota además leyó:
14.07.2010 | 05:30 | El look de Flavia Palmiero
13.07.2010 | 18:50 | ¡Estrellas en un flash!

8.1.10

Wakefield

En noviembre presenté en las XLI Jornadas de Estudios Americanos (entiéndase "Estadounidenses") una ponencia/ensayo sobre "Wakefield", el cuento de Hawthorne. Había dudado mucho en hacerlo, porque me parecía poco académica: casi no tiene citas de autoridad, y es un recorrido textual más de disfrute que de análisis, me parece a mí. Por eso me sigue gustando a pesar de que lo escribí hace por lo menos tres años, o más.
Cuando presenté el trabajo, dije que el personaje de Wakefield "me persigue desde hace algún tiempo". Efectivamente, el año anterior había leído La habitación cerrada, de Auster, y me había resultado perturbadoramente similar a "Wakefield", aunque no sabía si era intencional, o si era mi propia obsesión la que me hacía ver Wakefields por todas partes.

Quizás en ese momento no lo sabía, pero hace poco me di cuenta de que lo que me persigue no es el enigma de por qué Wakefield abandona a su mujer. Por el contrario, tomé conciencia cabal de que siento una identificación profunda con ese personaje irresoluto y especulativo que aparece al comienzo del cuento y después se esfuma. La inacción y pasividad de Wakefield, su estatismo cuando sabe que las cosas van a abalanzarse sobre él, es lo que me identifica. Sólo ahora se me ocurre que quizás el drama de Wakefield es que no sabe qué hacer, y sólo resuelve la situación (toda situación) a las apuradas y sobre la marcha. Tal vez por eso pasa veinte años fuera de su casa y cree que transcurrió apenas una semana.
Hice una lista de cosas a hacer cuando estuviera de vacaciones, y ahora que lo estoy, hay cosas en la lista que aún no hice y que sigo posponiendo. No creo que sea porque no quiero hacerlas: simplemente, como Wakefield, espero que las cosas se abalancen sobre mí, que literalmente me caigan encima. Como un muro, siempre hay algo que se pone delante de mí antes de que pueda realizar "eso que tenía que hacer". Como la entrada que estoy escribiendo en este blog, que se me impuso por sobre otras cosas sin duda más urgentes.

22.10.08

Fiesta de la lectura


El sábado pasado se realizó la Fiesta de la lectura de la municipalidad de Vicente López, en la que participé como jurado de los Juegos florales (un concurso literario). Pueden encontrar un muy bonito registro de la jornada en el blog Vicente López Lee.



Fiddlers Gone, una banda celta que levantó la tarde.

Por suerte tocó un día espectacular, así que a la tarde nos fuimos a tomar unos mates al río con Flor, una amiga que pasó de visita...


2.10.08

Clase abierta de taller literario

Este sábado tendremos la primera clase abierta del taller literario que coordino. Además, el 18/10 se realizará el cierre del ciclo "Vicente López Lee", en coincidencia con la Fiesta provincial de la lectura.
Más adelante colgaré un post al respecto.



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Conocé cómo trabaja un taller literario... por dentro

El Taller de Lectura y Escritura de Villa Adelina
en el marco del programa municipal "Vicente López Lee"
y el programa bonaerense "la Provincia en Estado Público de Lectura"
invitan a la

clase abierta del 4 de octubre

sábado 4/10
10.30 a 12.30
Delegación Municipal de Villa Adelina
Av. Ader 4057 - Vicente López
Entrada libre y gratuita

Coordina: Prof. Vicente Costantini

Más información sobre esta y otras actividades en:
http://vicentelopezlee.blogspot.com/
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9.5.08

Taller literario


Después de tirar varias puntas, finalmente salió: empecé a dar un taller literario, en un horario inverosímil: sábados, 10.30 AM (y hasta quizás lo cambiemos para las 10.00). Gratuito, además. La cita es en la delegación municipal de Villa Adelina (Av. Ader 4057, a media cuadra de Paraná), y la gente, bien típica de barrio. Sobre todo, muchas mujeres, y sobre todo, muchas mayores y/o jubiladas.

Después de mucho tiempo sin "escribir" (aunque sea mentira, aunque garrapatee poemas cada tanto, aunque escriba en este blog y en los demás), anteayer retomé un cuento inconcluso y le estuve dando forma entusiasmado. No me parece casual que esto haya sido al mismo tiempo que el taller literario: aunque sea como coordinador, evidentemente éste me hace falta como un contacto cotidiano con el hecho literario. Primo scrivere, doppo parlare.

2.10.07

Una de Flaubert

"Il faut que les phrases s'agitent dans un livre comme les feuilles dans une forêt,
toutes dissemblables en leur ressemblance."
(Carta a Louise Colet, 7 de abril de 1854)

El fin de semana pasado terminé Madame Bovary (como decía un amigo, me tomé el arsénico), y ahora estoy leyendo La orgía perpetua de Vargas Llosa, un libro que realmente consigue contagiar el entusiasmo por Flaubert. De algún modo, la lectura de este libro me permite apreciar y sopesar de otra forma la lectura concluida, entrever el doloroso esfuerzo detrás de cada frase y cada cuadro. Qué lástima que a los lectores de traducciones se nos escape de un modo tan grosero el esfuerzo que el pobre Gustave puso en cada mot juste.

Entre el año pasado y éste Rouen está de fiesta, porque justamente se cumplen 150 años de la publicación de Mme. Bovary. Recomiendo chusmear la página de la Universidad de Rouen dedicada a Flaubert. Además, gran parte de la Correspondencia del "gordo triste" también puede leerse online.

28.7.07

Henri Michaux, oriental

Después de releer y trabajar sobre el diario de viaje Un bárbaro en Asia, del poeta belga-francés Henri Michaux, seleccioné algunos fragmentos que califican fácilmente como "micro-relatos". Los títulos, excepto "Zoológico de Saigón", son fruto de mi invención. Acá van los resultados de mi recorte:

La casta

Antes había una casta que recorría la India, con el único fin de suministrar a Dios sacrificios humanos. Lo agarraban a uno en el camino, lo llevaban ante un altar, y le torcían el pescuezo. Dios, que en apariencia acepta todo, no decía nada. Y, satisfechos, volvían en busca de otro hombre. Fue así como muchos viajeros cesaron de enviar noticias a sus familias y allegados.

El hombre viejo

Había en ese patio un hombre muy viejo: me saludó, pero yo me apercibí demasiado tarde. La música recomenzó y yo me decía: «¡Con tal que vuelva a mirarme!». Era un peregrino, no era de aquí. Me pareció que me tenía simpatía. Se acabó la música. Yo estaba como en éxtasis. El hombre se dio vuelta, me dirigió una mirada y salió. En su mirada había algo especial para mí. Todavía no sé lo qué quiso decirme. Algo importante, esencial. Nos miró a mí y a mi destino, con una especie de consentimiento y de regocijo, pero con un dejo de compasión, casi de piedad, y se fue, y todavía me pregunto lo que todo eso quiere decir.

Picaduras

Había un empleado de South Indian Railway que curaba las picaduras de serpiente.
Cuando alguien había sido picado, un pariente corría a la estación: «¿Dónde está el empleado tal?»
¡Ah! está en el tren de la línea de...
Se le telegrafía: «Fulano, picado, serpiente». El telegrama corría de estación en estación al encuentro del tren y del hombre.
Se esperaba ansiosamente una respuesta. Al fin llegaba: «He will be all right». Y todos se regocijaban. Y el veneno ya no tenía efecto.
¿Qué hacía el empleado? Y bien, se recogía un instante en un compartimento. «En nombre de... (un santo cualquiera) que el veneno no suba.» Luego volvía a perforar pasajes de tren.
Cientos de telegramas cambiados, y cientos de venenos hechos agua.

Zoológico de Saigón

El jabirú no come al pez que se defiende.
Lo traga muerto. Lo agarra y vuelve a cerrar su pico sobre él, en la cabeza, en el cuerpo, lo tira, lo recoge, lo vuelve a tirar hasta que sobreviene la muerte.
Hay el jabirú prudente que se contenta con una apariencia de muerte (y cuidado con las espinas del pescado que se agita vivo en el estómago) es el que lleva el pez sobre los guijarros, y ahí le da picotazos hasta inmovilizarlo. Entonces lo come. Pero no hay jabirú con experiencia que no sepa que un pez que no se mueva en los guijarros, puede bien no estar muerto, y ser, pues, todavía peligroso. Por eso el jabirú prudente lo remoja en el agua, para cerciorarse, y en efecto, muy a menudo, el pez vive, y con una lentitud sin esperanza, trata de escapar al sitio, y a la muerte. También sucede que un jabirú no puede sacar un pez del agua, aunque lo haya golpeado muchas veces, pero cada vez vuelve a caer. Entonces de golpe, harto, agita inmensas alas ruidosas sobre el estanque y se pregunta, y uno se pregunta, y los demás pájaros se preguntan lo que va a suceder.

Cuento chino

Hacia el siglo XVI, no sé bajo qué emperador, la policía ordenaba a sus inspectores que dibujaran subrepticiamente el retrato de cada extranjero que entraba en el Imperio. Diez años después de haber visto ese único retrato el policía lo reconocía. Más aún, sí se cometía un crimen y el asesino huía, había siempre alguien en la vecindad que podía hacer de memoria el retrato del cual se tiraban muchos ejemplares, que se enviaban a la carrera por las grandes rutas del Imperio. Acorralado por sus retratos, el asesino acababa por entregarse al juez.

La invención de la propaganda (Cuento chino II)

Tsin che Hoang Ti es uno de los más famosos y más fantásticos tiranos del mundo, que hizo pintar de rojo (color de los condenados) una montaña entera, porque sus soldados habían padecido ahí una tormenta. Tsin che Hoang Ti, que hacía preparar un baño de agua hirviendo en la sala del Trono cuando uno de sus oficiales le pedía una audiencia que le desagradaba, hizo grabar en monolitos erigidos por todos lados: «Todo anda bien. Se han unificado las pesas y medidas. Los hombres son buenos maridos, los padres son respetados. Por donde sopla el aire, todos están contentos», etc.

Una fiesta en Bali

Lo que a los americanos les gusta mucho en los balineses es que they are friendly. Cosa muy apreciable y que también se puede afirmar de los americanos.
Los balineses adoran las fiestas; no pasa día sin que tengan una. Con teatro y baile. Y donde hay una fiesta entran todos, todos están invitados: parientes, amigos, desconocidos, forasteros.
Una noche, ya un poco tarde, hice organizar una representación de Wayang-Koelit en casa de un indígena. Cuando llegué estábamos absolutamente solos la orquesta, mis tres invitados y yo.
Dos horas después estábamos perdidos en una turba de seiscientas personas. El olor de los cuerpos malayos nos rodeaba como una humareda; se habían instalado a la puerta vendedores de dulces. Risas oportunas venían de todos lados, costaba trabajo salir, y en ese momento (salimos antes del final), todavía llegaban muchas personas.

Todos los fragmentos fueron tomados de: Henri Michaux, Un bárbaro en Asia [1933]. Buenos Aires: Hyspamérica, 1985. Traducción y prólogo de Jorge Luis Borges.

10.5.07

Dedicatoria a dos libros de Borges (para Guille)

Dedicatoria para El hacedor (1960) y Los conjurados (1985):

...Me gustan estos dos libros porque creo que se aproximan mucho a la esencia, al meollo. Ciego, con una sintaxis clara y simple, Borges se limitó a urdir sus tramas y declamar sus poemas de la forma más directa. Y sin embargo, qué fuerza, qué potencia literaria hay encerrada en estos textos. Con algo más que no estaba presente de modo tan patente en Ficciones o El Aleph: el humorismo y la ternura.

...Si la lectura es una de las formas de la felicidad, entonces lo es tanto más cuando la compartimos con alguien querido.

Costumbres de los alcobranes

Durante mucho tiempo, lo que me detuvo antes de empezar un blog fue el hecho de carecer de un buen nombre. Me parecía difícil lograr un buen juego de palabras con mi propio nombre (o mi nombre propio), como en los blogs de Daniel Link o Pablo Valle. Hay toda una cuestión respecto de mi nombre que quizás ahora no valga la pena comentar.

Por lo pronto, me tentaba la idea de utilizar un verso o el título de un poema como nombre del blog. Alguna frase aforística potente. El problema de eso es que el título del blog quedaría demasiado largo...
Finalmente me decidí por el título de un poema de Edgar Bayley (1919-1990), enorme poeta argentino (Edgar gran Bayley, lo llamó uno de sus amigos poetas). Deduje, además, que dado que los alcobranes son seres imaginarios (no sé si del mismo orden o especie que las mancuspias), el título aún estaría disponible para empezar con el blog.
Así que acá está. Y como corresponde, en la primera entrada debe ir el poema ("En el principio estaba el Verso"):

COSTUMBRES DE LOS ALCOBRANES

no sé mucho de pájaros
sospecho sin embargo que no eres un albatros
un alcobrán más bien de fino plumaje negro
tus alas de gigante te permiten volar
y te quedas retenido en esta casa
te arrastras de una a otra habitación
no entiendo qué te impide fugarte
hablamos poco lo indispensable
y yo es verdad me olvido de tu presencia
te dejo abandonado durante semanas enteras
tú te buscas tu alimento arreglas tu lecho
no me das trabajo y como yo hablas muy poco
no sé cómo apareciste en mi casa
y además si alguien supiera que aquí hay un alcobrán
qué contrariedad qué de explicaciones rebuscadas
pero no me molesta ni tu fija y brillante mirada
ni tus garras ni tus alas ni las raras veces
que hablas de tus viajes
yo sé sin embargo que los alcobranes cambian mucho de personalidad
que a veces se vuelven habladores
y tanto pueden ser simpáticos corteses hábiles y atractivos
y brillar en sociedad
como volverse ásperos torpes insolentes agresivos y coléricos
que tanto pueden divertir con sus cómicas piruetas
como asustar con sus violentos estallidos
que pueden ser humildes amables y pacientes
como intemperantes y suciamente orgullosos
o inteligentes y de una gracia atractiva y bondadosa
o de ingenio lerdo desmañados y de crueles intenciones
pero sé también que los alcobranes padecen por sus errores en sociedad
y que el amor que no pueden expresar ni ejercer
es su verdad más honda la única inalterable
por eso es muy posible aunque no te lo he preguntado
que después de muchos viajes y experiencias
prefieras para no causar involuntarios inevitables males
mantenerte apartado en esta casa
porque sabes que no hay fiesta posible
ni otra vía que la soledad y el olvido

De Celebraciones (1968-1976)