14.7.10

Asociación ilícita


Falleció el gran poeta platense Horacio Castillo. Pero lo que me llamó la atención no fue la nota en la web de La Nación sobre su muerte, sino los artículos que aparecen asociados a continuación. Así, mientras la nota se cierra con un fragmento del que sin duda es uno de sus mejores poemas, "Tren de ganado":

¿Era de noche o de día? ¿Estábamos vivos o muertos? Bebíamos al atardecer el vino de los ciegos, soñábamos todavía con un bosque de orquídeas. ¿Qué es aquello? Arena. ¿Qué es aquello? Niebla.

Le suceden, sin solución de continuidad:
A quien le interesó esta nota además leyó:
14.07.2010 | 05:30 | El look de Flavia Palmiero
13.07.2010 | 18:50 | ¡Estrellas en un flash!

25.6.10

Búsqueda del paradero de un docente

Copio este mail que me enviaron. Nunca se sabe...

"Querid@s colegas: Soy Licia Halfon, profe de la Escuela 1 del 8vo y me comunico con ustedes para pedirles ayuda para encontrar a nuestro compañero Alfredo Díaz, profe de Ed. Fìsica de mi escuela desde hace 20 años y también titular de la 6 del 11. El dìa martes 13 de abril estuvo en la escuela para pedir el memo e ir al Rawson porque le dolía la cintura y nadie más lo volvió a ver. Sabemos que fue al Rawson (así nos informaron allí mismo) y le dieron 3 días pero él no se comunicó con la escuela para avisar y desde ese día no sabemos más nada de él. No tiene familia ni parientes en esta ciudad. Le faltaba 1 mes para jubilarse y el 8 de junio hubiera cobrado su primer haber jubilatorio.
Ya se hizo la denuncia, fuimos a Defensoría del Pueblo de la Ciudad e inicamos una actuación, fuimos por supuesto a su casa pero allí no está y ni el portero ni los vecinos lo vieron desde hace mucho. También dimos aviso a UTE y a Adef y parece que Ute se va a ocupar del tema. Va a salir el aviso en búsqueda de personas canal 7, y no sabemos más a quien recurrir. Les envío dos fotos de él que tienen más o menos 1 año. Por favor reenvíenlo a sus contactos sobre todo si tienen mails de docentes de otrs distritos. ¡Necesitamos saber que le sucedió! Gracias."

24.5.10

Pan 100% de centeno

Hoy publiqué una entrada en mi blog literario, con un poema que habla acerca del pan de centeno. La contracara del poema es la receta de dicho pan. Aunque no es apto para celíacos, se caracteriza por tener menos gluten porque no posee ni un gramo de harina de trigo.

Pan 100% de centeno (Dan Lepard)
(Esta receta fue sacada de una página de Internet y ligeramente adaptada por Sofi y yo.)

La receta proviene de The cook’s book, un fantástico libro donde cada maestro hace un capítulo: Dan Lepard el pan, Ferrán Adrià las espumas, Pierre Hermé los dulces y tartas, etc. Totalmente recomendable.

Para la gelatina de la noche anterior:
150 g de agua hirviendo
25 g de harina de centeno

Para la masa (al día siguiente)
5 g de levadura fresca (creo que nosotros usamos más, unos 20 o 25 g, para intentar que
levara más el pan. La proporción habitual es 50 g por kilo de pan, cuando es de trigo.)
1 cda. de miel
1 cda. de melaza
80 g de agua a 20º
300 g harina de centeno clara, tamizada
7 g de sal

La noche anterior al horneo, echás el agua hirviendo en la harina y lo revolvés rápido hasta hacer una pasta que se vuelve gelatinosa. La dejás a temperatura ambiente toda la noche.
Al día siguiente, mezclás los ingredientes y amasás.
Nosotros siempre dejamos levar o “fermentar” el pan en un bol rociado con Fritolim o poquito aceite para que no se pegue, y cubierto con papel film o una bolsa. Se supone que el pan debe doblar su tamaño original, pero en el caso de este pan, es posible que eso no ocurra. Si tenés la suerte de que leve, debe levar dos veces. La primera, hecha un bollo, en un bol, más o menos una hora. La segunda, cuando ya le diste forma y lo pusiste en el molde en el que lo vas a cocinar, unos 20 o 30 minutos. En lo posible, en un ambiente cálido.
Lo horneás a 220º 20 minutos y luego otros 30-35 a 190º. Antes de meterlo al horno le podés espolvorear el salvado que obtuviste al tamizar la harina.

Nota: Nosotros compramos la harina de centeno en Haus Brot, que es de excelente calidad. Pero como lo hacen con el grano entero, entonces tiene harina y salvado. Lo que nosotros hicimos antes de empezar a cocinar, fue tamizar el centeno tratando de separar la harina (que es como un talco de color claro) del salvado. El problema es que comprando ½ kg de harina integral de centeno te quedan sólo 250 o 300 g de harina propiamente dicha. Si te falta un poquito, se puede completar con el salvado.
Es posible que en las dietéticas vendan directamente harina de centeno, sin el salvado, pero no estoy seguro.

Nota 2: A nosotros prácticamente no nos levó el pan, porque el centeno contiene muchísimo menos gluten que el trigo. Otras recetas que leímos utilizan masa madre, que es un proceso más complejo, que demora varios días. Además, ninguna de ellas indicaba cómo hacer la masa madre.
En todo caso, si no leva, podés intentar variar la receta usando distintos tipos y marcas de levadura, a ver si alguna de ellas “prende” mejor y el pan sale un poco más levado y esponjoso. Y si no, será cuestión de tostarlo para que quede crocante, tipo “biscotti”.

7.4.10

Nombres de calles: el nombre

Desde hace algún tiempo tengo un proyecto referido a rescatar de "la sepultura del olvido" los nombres de las calles de La Plata.
Esta ciudad es particular, entre otras cosas, porque la forma que tienen sus habitantes de nombrar sus direcciones y de orientarse difiere, en general, de cualquier otra que yo conozca. Una dirección en Buenos Aires indica nombre de calle, número, y por lo general barrio; para mayor orientación, se dice "esquina..." o "cerca de la avenida...". En La Plata, en cambio, es casi imprescindible dar el nombre de la calle, número, y las calles perpendiculares a la cuadra. Pero además, los nombres de calles se limitan a números, que en el casco urbano original se limitan a tener una o dos cifras, y fuera de éste adoptan las centenas, generando una saturación visual que sorprende a los que están desacostumbrados. Así, mientras una dirección de Buenos Aires puede ser:

Reconquista 341, 3º "A" (a 1/2 cuadra de Corrientes)

una dirección platense, en cambio, puede ser así:

47 nº 510 (e/ 5 y 6), 6º piso.

Para los que no conocen la ciudad o la recorrieron poco, se pierden las referencias porque nada indica en qué dirección corre 47, ni qué otras calles la cortan. Pero de a poco vamos entendiendo algunas reglas básicas: las calles que van de este a oeste (o viceversa) comienzan en 32 y llegan hasta 72; las que corren de norte a sur, en cambio, desde la vía de tren se cuentan como 1 y llegan hasta 31. Y además, por alguna misteriosa razón, la avenida 52 no existe más que en un pequeño tramo: en el resto de la ciudad es apenas una calle imaginaria que parte la ciudad en dos y marca el "eje histórico" de La Plata. Todo esto, sin mencionar las avenidas y las plazas, que dejo aparte para otro post de este blog.

Siempre me pareció que el nombrar las calles con un número equivalía a una pérdida; así, para mí el nombre "Aguaribay" tiene una resonancia particular e irrepetible, porque es la calle de la casa de mis viejos donde viví cerca de 20 años. Lo mismo ocurre con otras calles y avenidas; Medrano, la calle donde vivía mi primera novia; General Urquiza, la calle del amor que no fue. Siempre que se cambia de nombre una calle, avenida o estación, comienza la polémica, porque nombrar algo implica también una elección ideológica, estética, política: de ahí que algunos insistan con nombrar "Cangallo" a la actual Perón, o decir "Canning" en vez de Scalabrini Ortiz.
Por eso me llamaron la atención algunas placas antiguas ubicadas en edificios históricos de La Plata, que probablemente son tan antiguos como el edificio y como la ciudad misma. Eso me demostró que, alguna vez, estas calles numeradas también tuvieron nombres, aunque la aséptica tendencia higienista que diseñó la ciudad haya concluido por desinfectar los números de su nomenclatura original.

Estas son sólo algunas de las calles de las que fui encontrando los nombres, aunque pretendo ampliar la lista lo más que pueda, hasta dar con la nómina completa de los nombres de calle platenses:

Calle 6: Luis Ma. Doyhenard
Calle 44: Gral. P. Marcelino Ugarte
Calle 46: Corrientes
Calle 49: EE. UU. del Brasil
Calle 50: San Luis
Diagonal 80: Florentino Ameghino
Diagonal 78: Avenida Alvear

Nota final: como suele ocurrir con Internet, siempre hay alguien que hace las cosas antes y mejor que vos. En este blog encontré, de manera prolija y genial, muchísima información sobre los nombres de las calles platenses.

15.3.10

¿Ególatra yo?

"Ediciones Especiales se ha hecho fan de Ediciones Especiales y te ha sugerido que tú también lo seas."

(Uno de los mensajes a los que Facebook ya nos tiene acostumbrados.)

14.3.10

Antes y después de "El secreto de sus ojos"

Ojo: contiene "spoilers".
(Para los que no lo saben, "spoiler" es, en la jerga de las reseñas cinematográficas, esa información que te arruina la película contándote demasiado.)

Como suele ocurrir con mi relación con el cine, llego bastante tarde a los "estrenos". Pero en este caso, el "antes y el después" de El secreto de sus ojos no se refiere a la obtención del Oscar, sino más bien a lo que pensaba de la película antes y después de haberla visto.
Es inevitable que, con una película con tanta prensa, uno tenga una imagen previa de la película, con lo que imagina que ésta va a ser, y una imagen posterior. Por eso me gustó tanto cuando vi películas como Se arrienda (2005) o El árbol (2006), sin saber absolutamente nada sobre ellas. No hay nada para contrastar, ningún punto de referencia, y vos te entregás a la película sin saber bien qué esperar.
Por eso, ayer pensaba en la imagen que yo tenía de El secreto de sus ojos (2009) antes de haberla visto: pensaba en un policial, ambientado completamente en la época de la dictadura; creía que la escena en la cancha representaba el mundial '78; sabía que Francella no actuaba de Francella, que la película tenía una muerte, y no mucho más.
La película resultó ser un policial, sí, con más de una muerte –una como disparadora de la acción, la otra hacia el final–, pero ambientada en lo que fue el ocaso del peronismo de los '70 y el antecedente de la dictadura (el gobierno de Isabelita, el surgimiento de la triple A). Además, la otra cuestión que me pareció interesante es el ambiente judicial, más que policial, que rodea toda la película: las escenas en Tribunales, en los bares de la zona; los personajes, el lenguaje y las jerarquías legales. También es impresionante la larga escena (plano secuencia) en la cancha de Huracán, que empieza desde el aire y termina con una persecución policial.

Sofi, gran consumidora del género policial, fue la primera en decir que no le había gustado, que el final era "bizarro". Empezamos a charlar sobre la película hilando un poco más fino, y éstas son algunas de las conclusiones a las que llegamos.
El secreto de sus ojos es una película larga, quizás innecesariamente. Tiene muchas escenas hacia el final que intentan, a la vez, esclarecer completamente el crimen y mantener al público atado a la butaca hasta el final, jugando mucho con el recurso de la vuelta de tuerca.
Quizás el mayor punto débil la película sea que lo que da comienzo a la acción en el pasado, la violación y el asesinato de Liliana Coloto, impacta sobre el protagonista (Benjamín Espósito) de manera particular, y además éste se convence rápidamente de que los acusados son perejiles, y que el autor del crimen es un tal Gómez, por cómo está observando a Liliana en una foto. Cuesta creer que un empleado judicial, que ya debe estar acostumbrado a este tipo de casos, se obsesione lo suficiente como para ir hasta Chivilcoy, a dar con el paradero del tal Gómez. Hay, en todo caso, un funcionamiento ficcional de la trama, donde la credibilidad y la verosimilitud de sacrifican para privilegiar la sorpresa y el desenlace inesperado.

Dos tiempos se van entrecruzando en la película: el pasado del caso Morales y la pre-dictadura, y el presente en el que un empleado judicial recién jubilado quiere escribir una novela acerca del caso Morales. La película no juega con algo que hubiera sido, quizás, complejo y a la vez fascinante: la construcción del pasado como novela, como ficción (y que a la vez habría justificado los elementos poco verosímiles de la trama). Hay sólo una parte en que el personaje de Irene cuestiona los hechos tal como los narra el protagonista, por considerarlos inexactos, pero Espósito se planta sosteniendo que fue así como ocurrieron. Me parece que justamente hubiera sido interesante pensar en el relato del pasado como una construcción provisoria y ficticia, creada por el narrador (Espósito) para explicar lo inexplicable.
Espósito no puede ejecutar satisfactoriamente su novela, que otro de los personajes define como "un memorándum largo", justamente porque es incapaz de despegarse de los hechos tal como ocurrieron. En otras palabras, la "novela" no es ficción, sino simplemente un relato autobiográfico, y para terminarla Espósito debe averiguar fehacientemente cuál fue la verdad (los hechos) del caso. Me parece que esa es la razón por la que no alcanzan los relatos de segunda mano (Morales contando cómo asesinó a Gómez, el violador y asesino de su mujer), sino que el protagonista se ve obligado a volver y ver, con sus propios ojos, que Gómez está vivo, prisionero para siempre en una especie de "prisión perpetua" casera ideada por Morales. Cuesta creer, por otra parte, que un represor con poder como Gómez pueda desaparecer sin que luego los militares diesen con su paradero.
La escena, casi al final, en la que Espósito vuelve en el auto y piensa en lo que Morales acaba de contarle, incluso abre un espacio para conjeturar que todo ha sido una equivocación: Morales mató a su mujer, y lo único que hizo Espósito durante su búsqueda fue encubrirlo involuntariamente. Pero rápidamente esta posibilidad –que hubiese requerido cambios en la trama para evitar contradicciones– desaparece.
En una primera lectura, pienso que la película ganó el Oscar porque, al igual que La historia oficial, se mete con el tema de la dictadura (aggiornado), y además porque, como muchas películas yanquis, explica demasiado y le sobran minutos al final.

8.1.10

Wakefield

En noviembre presenté en las XLI Jornadas de Estudios Americanos (entiéndase "Estadounidenses") una ponencia/ensayo sobre "Wakefield", el cuento de Hawthorne. Había dudado mucho en hacerlo, porque me parecía poco académica: casi no tiene citas de autoridad, y es un recorrido textual más de disfrute que de análisis, me parece a mí. Por eso me sigue gustando a pesar de que lo escribí hace por lo menos tres años, o más.
Cuando presenté el trabajo, dije que el personaje de Wakefield "me persigue desde hace algún tiempo". Efectivamente, el año anterior había leído La habitación cerrada, de Auster, y me había resultado perturbadoramente similar a "Wakefield", aunque no sabía si era intencional, o si era mi propia obsesión la que me hacía ver Wakefields por todas partes.

Quizás en ese momento no lo sabía, pero hace poco me di cuenta de que lo que me persigue no es el enigma de por qué Wakefield abandona a su mujer. Por el contrario, tomé conciencia cabal de que siento una identificación profunda con ese personaje irresoluto y especulativo que aparece al comienzo del cuento y después se esfuma. La inacción y pasividad de Wakefield, su estatismo cuando sabe que las cosas van a abalanzarse sobre él, es lo que me identifica. Sólo ahora se me ocurre que quizás el drama de Wakefield es que no sabe qué hacer, y sólo resuelve la situación (toda situación) a las apuradas y sobre la marcha. Tal vez por eso pasa veinte años fuera de su casa y cree que transcurrió apenas una semana.
Hice una lista de cosas a hacer cuando estuviera de vacaciones, y ahora que lo estoy, hay cosas en la lista que aún no hice y que sigo posponiendo. No creo que sea porque no quiero hacerlas: simplemente, como Wakefield, espero que las cosas se abalancen sobre mí, que literalmente me caigan encima. Como un muro, siempre hay algo que se pone delante de mí antes de que pueda realizar "eso que tenía que hacer". Como la entrada que estoy escribiendo en este blog, que se me impuso por sobre otras cosas sin duda más urgentes.

6.1.10

Digo yo...

...¿Esta payasada de que Ricardo Fort esté las 24 horas en tevé, no será sólo una campaña pergeñada por FelFort para vender un poco más de Marroc, Dos Corazones y chocolatines Jack?

Algunos ejemplos burdos:
"Ricardo Fort llora a Sandro"
"Fort le canta a su madre"
"Ricardo Fort fue a ver a Gasalla y revolucionó el centro marplatense"
"Hadad no pudo resistirse al encanto de Fort"
"Encuentro exclusivo: Mickey Rourke-Ricardo Fort"

(A propósito, escuché que va a salir un chocolate Jack ¡con una figura de Ricardo Fort!)
Por si fuera poca la tautología, la playa del millonario en Mardel se llama "FortBeach", y su obra de teatro, "FORTuna".

Otro titular notable, en "Un mundo perfecto", el programa de Pettinato: "Hace 10 minutos que no mencionamos a Ricardo Fort".
De todos modos, la palma se la lleva esta frase de Moyano: De Narváez "sería la versión colorada de Ricardo Fort".

16.10.09

Chau celular

Involuntaria simetría de este blog: uno de mis primeros posts fue el del momento en que accedí a comprar un celular después de años de resistirme. Supongo que es justo completar la historia con el relato de cómo me lo robaron hoy.

Tomé el subte a Retiro desde la semi-remozada Facultad de Filosofía y Letras, porque hoy le entregaron sus 2 títulos a la Srta. Licenciada y Profesora Mavi (pueden leer sobre sus peripecias en los pasillos judiciales acá). Iba camino a tomar el Plaza a La Plata en esa placita que estuvieron arreglando recientemente, y de la que no pude encontrar el nombre (está entre la Plaza Fuerza Aérea Argentina, la de la Torre de los Ingleses, y la Plaza Canadá, la del tótem), y corté camino por la diagonal que lleva a la boletería. Era de noche y circulaba menos gente. Me salió al paso un flaco, por qué no decirlo, mal vestido y de gorrita, pidiéndome una moneda. Se la di mientras seguía caminando, como una forma de sacármelo de encima, y del otro lado se cruzó otro, de gorrita y campera blanca, diciendo muy rápido algo que no entendí porque no tenía coherencia. Me tomó del brazo y empezó a decirme que le diera la plata, el celular. Claramente estaba dado vuelta; el primero, por lo poco que llegué a apreciar, estaba más lúcido, porque se cruzó por detrás de mí y me manoteó el celular, que yo llevaba junto al cinturón con un porta-celular de cuero que me había regalado Sofi.
El primer flaco desapareció con mi celular en mano, mientras el segundo evidentemente seguía dado vuelta, porque me seguía pidiendo el celular. Le dije que se lo había llevado su amigo mientras le decía que se tranquilice; me manoteó el bolsillo del pantalón preguntándome qué llevaba, y yo le dije que la tarjeta del edificio donde laburo: no me creyó y lo sacó él mismo, se cayeron las llaves de mi casa al piso junto con la tarjeta, y el tipo se escapó. (Por supuesto que todo esto que cuento y trato de racionalizar mientras lo escribo, duró apenas unos segundos.)
Junté rápido la tarjeta y las llaves y fui corriendo a la boletería. Por suerte, se había salvado lo que valía más: mi billetera (esa noche llevaba más plata que lo habitual) con mis tarjetas, cédula, registro, etc., y el MP3 que me regaló Sofi para al cumpleaños, que llevaba en mi otro bolsillo (y hasta tenía los audífonos al cuello). Ni siquiera agarraron el monedero, ¡que yo tenía en la mano! Fue casi una casualidad que manotearan lo primero que pudieron (de poco valor, además), que no me sacaran la billetera ni nada más. No hubo violencia; ni siquiera me agarró demasiado fuerte del brazo, y aunque por supuesto me puse nervioso, no lo estaba tanto porque ninguno de ellos estaba armado.
Después de que los tipos desaparecieron (no quise ni fijarme para qué lado dispararon), fui corriendo hasta la boletería y compré el pasaje del Plaza. Todo hubiera sido mucho más complicado si me hubiesen dejado sin plata. En la cola de Autopista había una señora y un flaco; les pregunté si tenían Personal, explicándoles que me acababan de robar el celular y que necesitaba darlo de baja. Por suerte la señora me prestó el celular para hacer varios llamados. Lo más ridículo del episodio, es que si llamás al 0800 de Personal desde otro teléfono que no sea Personal, ¡la máquina te corta! Con lo cual no podés dar de baja tu teléfono cuando te lo afanan. Así que usé el celular de la señora para contarle a Sofi lo que había pasado, y una vez en casa llamé a mi vieja para que, usando su Personal, diera de baja el mío (todo esto me da una buena excusa para cambiar de compañía y adoptar un celular platense).

Vale decir que es la primera vez que me asaltan. Sofi y yo estuvimos muy cerca de ser asaltados, en uno nuestros primeros años de novios, cuando estábamos entrando al departamento que tienen mis suegros en Capital. Había dos flacos a la entrada del edificio. Uno de ellos parecía borracho y empezó a hacernos un largo discurso sobre que "los pibes no tenían para comprar el arroz". Yo le di un peso y el tipo me puso cara, sonriendo, como haciendo un gesto de "¿¡Sólo esto me das?!", pero en cierta forma bajó la guardia, porque yo le dije a Sofi que entráramos y los tipos no reaccionaron. Digamos que aquella vez la sacamos muy barata.

Cuando uno imagina un robo hipotético, en general pensás cómo reaccionarías. No conozco a nadie que esté en su sano juicio y no te diga "entregales todo, lo material va y viene, lo importante es cuidar la propia vida". Pero además de esto, ahora que me pasó entiendo bien por qué no atiné (ni se me ocurriría hacerlo) a defenderme. La razón más obvia era que ellos eran dos, y yo uno. Eran dos personas, además, sin nada que perder, y al menos uno de ellos estaba dado vuelta por la droga. Pero además de esto, la sensación que tuve cuando me pasó, fue que quería que se fueran: que me sacaran lo que me sacaran y se fueran. Eso fue exactamente lo que hicieron. Y como dije antes, me quedó la billetera, así que pude volverme a mi casa. Sano y salvo.

Estuve pensando varias cosas a partir de este pequeño episodio. La primera, la más obvia, puso en evidencia la ausencia de policía que hay en esa plaza y a esa hora, a pesar de ser una zona muy céntrica y muy transitada. Siempre me desagradó mucho la zona y los alrededores de la estación de Retiro: cada vez que pasaba, aún antes de este incidente, me daba la sensación de un lugar de paso, de transición, en el que no quería estar ni dos segundos. Me invade un apuro cada vez que estoy en Retiro, una urgencia por irme de ahí. Y además ahí está ubicado el lugar que considero el más deprimente del mundo: Rancho topo, la barra de minutas que está en la estación Retiro de la línea "C" del subte.
La segunda cosa: ¿cuánto podrán sacar por ese celular, un viejo Nokia 1600 manchado con pintura gris, sin tapita, sin MP3, sin radio, sin linterna, sin WiFi y con apenas 3 jueguitos? ¿Ya estará convertido en fragmentos de poxipol que suben y bajan por las arrugas de una bolsita de plástico? ¿Para cuántas dosis de paco rinde un celular como ese? Y sobre todo, ¿a quién se lo venderán, a qué feria irá a parar ya desbloqueado, si es que no lo mandan directamente a la basura por inservible?
Y por último: es innegable que estos episodios, cuanto más graves son, más te sacan al enano fascista que llevás adentro. Pero en este caso, más allá del disgusto, tengo que decir que estoy agradecido de que no me pasó nada y que fue, en gran medida, una pérdida insignificante.

13.10.09

Imágenes precarias

Tremenda la muestra que organiza la AGD de la Facultad de Filosofía y Letras, en el marco de la Encuesta sobre condiciones y medio ambiente del trabajo. Aunque recientemente le pintaron la cara a algunos sectores de la Facultad (por ejemplo, el aula donde fue la jura de mi título), por lo visto la precariedad edilicia se mantiene. Para muestra, basta un botón: